CORANO
—Ven aquí y siéntate a horcajadas sobre mí, pequeña —le digo a Lacy mientras le acaricio la mejilla. Ella me observa mientras saco mi polla y la masturbo un par de veces. Sin dudarlo, se levanta y yo la giro para que quede de cara a su padre mientras abre las piernas sobre las mías—. Eso es, buena chica.
Mi polla está tan jodidamente dura que apunta directamente a su coño, ansiosa por entrar. Guío suavemente sus caderas hasta que queda suspendida sobre la cabeza roma, y veo cómo ya gotea