Mundo ficciónIniciar sesiónEra una tarde cualquiera de un mes primaveral de un año bisiesto, cuando sentado en mi oficina sin nada que hacer, vi transcurrir casi todo el día sin haber recibido la visita de ningún cliente. La tarde estaba nublada, casi a punto de llover, lo que hizo transformar su clima de fresco a frio, cosa que consideré oportuna para ponerme a leer una de las obras del psicoanalista Austriaco SIGMUND FREUD, que formaban parte de mi librero. Traté de ponerme cómodo y opté por cruzar mis piernas sobre el escritorio, cosa no muy usual en mí, pero el aire fresco que arropaba la tarde y aquellas gruesas gotas de lluvia que tejían la ciudad, me hicieron creer que ese inusual comportamiento podría pasar inadvertido. Fue entonces, cuando al momento de entregarme a su lectura, fui sorprendido por un ave extraña muy poco vista en mis entornos que apareció de repente posándose en una ventana corrediza que quedaba justo a mi derecha. Era un pájaro de pico y patas negros y de colores blanco y azul turquesa en su plumaje, desde ese momento me puse muy nervioso y el miedo llegó a turbarme por completo, ya que no sabía de qué tipo de pájaro se trataba.- Descrucé las piernas rápidamente y fingiendo no sentir miedo, ya parado a su frente me puse en posición de ataque y con el mismo libro que tenía en mis manos le amagué dos o tres veces, pero él, a pesar de mi constante amenaza, seguía parado muy tranquilo junto a la ventana, sin dar señal alguna de sentir el menor miedo.
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de ningún cliente.
La tarde estaba nublada, casi a punto de llover, lo que hizo transformar su clima de fresco a frio, cosa que consideré oportuna para ponerme a leer una de las obras del psicoanalista Austriaco SIGMUND FREUD, que formaban parte de mi librero.
Traté de ponerme cómodo y opté por cruzar mis piernas sobre el escritorio, cosa no muy usual en mí, pero el aire fresco que arropaba la tarde y aquellas gruesas gotas de lluvia que tejían la ciudad, me hicieron creer que ese inusual comportamiento podría pasar inadvertido. Fue entonces, cuando al momento de entregarme a su lectura, fui sorprendido por un ave extraña muy poco vista en mis entornos que apareció de repente posándose en una ventana corrediza que quedaba justo a mi derecha.
Era un pájaro de pico y patas negros y de colores blanco y azul turquesa en su plumaje, desde ese momento me puse muy nervioso y el miedo llegó a turbarme por completo, ya que no sabía de qué tipo de pájaro se trataba.- Descrucé las piernas rápidamente y fingiendo no sentir miedo, ya parado a su frente me puse en posición de ataque y con el mismo libro que tenía en mis manos le amagué dos o tres veces, pero él, a pesar de mi constante amenaza, seguía parado muy tranquilo junto a la ventana, sin dar señal alguna de sentir el menor miedo. Me sentí muy avergonzado por haber despertado esa actitud de violencia frente a un simple pájaro, que aunque muy raro y extraño, como lo fue para mí, no dejaba de ser parte de la belleza natural de cualquier medio ambiente, justo en ese momento recordé una frase que mi padre solía decir: “Los nervios y el miedo son los peores enemigos del hombre, porque turban el buen razonamiento del individuo”.
Mi viejo fue un pájaro que nunca se apoyó en sus pichones para estas cosas tan crueles, su eslogan era “menos fantasía, más comida y buena educación” quizás por eso siempre que le pagaban en el trabajo, antes de hacer cualquiera otra cosa, lo primero que se echaba al hombro era un saco de semillas para asegurar la comida del mes de sus pichones. Él decía que en un nido nunca debía faltar la comida, porque el peor desorden siempre lo ocasiona el hambre. Mi padre siempre pensaba en todo, él también decía que el poco rendimiento de un pajarito en la escuela se debía más a la falta de alimento que a cualquiera otra cosa.Mis viejos no fueron papás solamente, sino también mis mejores maestros. A veces cuando me preguntaban qué cuál era mi maestro,- yo les respondía.- qué cuál de los tres?, si el de la escuela o l
. Esto explica, si la mente de sicólogo no me falla, de que estas criaturas, al ser seres de una conciencia totalmente ignorante e inocente, no bastaba con que el padre o la madre les brindaran el alimento o los complacieran en sus mejores gustos; sino que aparte de todo, también resultaba necesario el buen apoyo moral, el amor y el cariño. No debemos olvidar que los niños son “simples personitas” que saben verse en el peor de los apuros, sintiéndose atrapados por los compromisos de tareas escolares y que al sentirse sin ningún tipo de ayuda de parte de sus mayores, podrían desencadenar en un desequilibrio emocional que afectaría no sólo sus mentes, sino además su conciencia y espíritu.Si supiéramos valorar estas cosas, ningún padre entonces pondría en riesgo la salud de un hijo o hija por algo tan simple. Pues hay muchos que ni siquiera se empeñan en saber c&
En el fondo, es como si se tratara de tirar una moneda a la suerte de cara o escudo donde en uno de sus lados se encuentra la cara del vicio y la corrupción y del otro, el escudo que representaría la solución a las reales necesidades del niño y el que casi siempre, por casualidad del destino, se ve caer “bocabajo”, como si el mismo diablo se interpusiera para que estos fenómenos sociales sigan apagando el brillo de la moral y la educación.En nuestro mundo de aves, las cosas son muy diferentes, pues no sólo somos padres del pichón o la pichona, sino su mejor amigo y maestro a los que jamás perdemos de vista, brindándoles nuestro mejor apoyo.Las aves, no sólo han llegado a presenciar todas estas cosas, sino que al meter el pico en el hogar y en la propia conciencia del hombre o mujer, como padre y madre modernos, hemos llegado a
Los seres humanos, si bien es cierto que tienen un gran conocimiento en los avances de la ciencia, no dejan en cierto grado, de ser personas a quienes la ignorancia no los ha abandonado por completo. Pues a diario su aparente inteligencia se ve atrapada en la creencia de seres extraterrestres que desde cierto ángulo del globo o del espacio celeste, se mantienen en vigilancia de lo que hace o deja de hacer el ser humano; Sin embargo, quizás no sean seres extraterrestres quienes los estén vigilando, sino el propio mundo en sus diferentes especies. Tal vez el hombre no sepa ni ha pasado por su imaginación, que nosotros los pájaros somos el espejo de su vana creencia y cuando nos acercamos a sus hogares lo hacemos no sólo para saciar el deseo de probar la comida con sal que preparan en sus fogones, sino que de paso, nos echamos un vistazo en los adentros de sus hogares para percatarnos del más mínimo detalle de lo que son capaces d
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