—Sí.La respuesta era simple, sencilla, de dos letras... y aun así Charlie no la entendía. Tenía su boca a dos centímetros, su cuerpo pegado al suyo como un imán, podía sentir el calor que emanaba de ella, su erección disparándose contra su vientre, su respiración agitada... y era como si su cerebro
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