—¡No seas boba! ¡Tú eres el amor de mi vida! Y me encantan tus salvaviditas, porque los puedo morder... —reptó sobre su cuerpo, besando, desnudando, acariciando—. Y te puedo agarrar de ahí cuando te estoy dando bien duro... — Mordió sobre su piel, provocándola, y subió hasta su abdomen—. Y te puedo.
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