El sol de la mañana entraba con fuerza por las cortinas abiertas, y al despertar, sentí algo que no había sentido al principio: paz. Ethan ya estaba despierto, recostado de lado, apoyando la cabeza en su mano, mirándome con esa ternura que ya se había vuelto su forma natural de mirarme. Al notar que abrí los ojos, sonrió, y esa sonrisa iluminó todo su rostro. —Te estuve mirando un rato —susurró—. A veces no puedo creer que seas real. Que estés aquí, conmigo, de verdad. Me acerqué y lo abracé, sintiendo su calor, su respiración tranquila. —Soy real. Y soy tuya. Cada día más que el anterior. —Hoy empieza algo nuevo —dijo, acariciando mi cabello—. No hay amenazas, ni secretos, ni nadie que nos diga qué hacer. Solo nosotros. Y todo lo que queramos construir. Esa mañana desayunamos sin prisa, planeando el día, el mes, el futuro. Ethan me contó que quería ampliar la empresa, pero de una forma distinta: con valores, con transparencia, dejando atrás todo lo que su padre y su tío habían re
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