Él no lo hizo. Aumentó la presión, sus movimientos se hicieron más rápidos, más fuertes, hasta que la penetraba con fuerza, el sonido de la piel golpeando contra la piel llenaba la habitación, mezclándose con sus respiraciones entrecortadas y sus suaves gemidos.“Mírame, Dani,” le ordenó, con voz ás
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