capítulo 133: El intercambio de los votos y el sello eterno. La ceremonia transcurrió bajo la atmósfera bendecida del atardecer. La brisa marina traía la frescura de la noche cercana, mientras las velas de cristal proyectaban una luz dorada y cálida sobre el rostro de los novios, de los padrinos Valeria y Jacob, y sobre la pequeña Luna que permanecía sentada en el primer banco al lado del cochecito de su hermanito. El anciano juez de paz, amigo de la familia desde hacía décadas, levantó el libro de registro para dar paso al momento culminante del rito. —Oliver Rossi —pronunció el oficiante con voz pausada y profunda—, ¿recibes de nuevo a Emma como tu legítima esposa, para amarla, honrarla y protegerla, en la salud y en la enfermedad, en la abundancia y en la adversidad, conservándote solo para ella mientras ambos vivan? Oliver miró fijamente a los ojos a Emma. Tomó el anillo de platino y diamantes de la bandeja de terciopelo que la pequeña Luna le tendía con orgullo, y lo deslizó
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