Paulina no durmió esa noche. Tampoco la siguiente.El viernes por la mañana, mientras preparaba el desayuno de Daphne, tenía ojeras que ningún corrector podría disimular y había tomado suficiente café como para mantener despierto a un ejército.—Mami, ¿estás enferma? —preguntó Daphne, masticando sus cereales mientras observaba a su madre con preocupación.—No, cariño. Solo un poco cansada del trabajo.—Deberías dormir más —dijo Daphne con seriedad—. Mi maestra dice que los adultos necesitan ocho horas de sueño."Tu maestra no está considerando pedirle a su ex marido que la embarace", pensó Paulina, pero sonrió y asintió.—Tienes razón. Lo intentaré.En la oficina, Paulina fue un desastre. Envió un correo al cliente equivocado, derramó café sobre su teclado y se quedó mirando la pantalla de su computadora durante veinte minutos sin procesar una sola palabra.Su mejor amiga y compañera de trabajo, Mariana, finalmente se acercó a su escritorio con los brazos cruzados y una expresión de p
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