Punto de vista de GreerNo esperaba que se quedara.Después de caer, con mi mejilla presionada, caliente y temblorosa, contra el grueso y tenso bulto de sus pantalones, me preparé para lo inevitable: el paso drástico hacia atrás, la disculpa murmurada y cargada de arrepentimiento, la puerta cerrándose detrás de él mientras huía por el pasillo. Me preparé para que la vergüenza me cayera encima como agua helada, dejándome de rodillas y sola sobre el tapete, con la cara ardiendo y el corazón hecho pedazos. Pero él no se movió. Yo tampoco.Mis manos siguieron apoyadas en sus muslos; mis dedos se hundían en un músculo firme que vibraba bajo mis palmas como un cable tenso a punto de romperse. Su verga latía contra mi mejilla a través de la lana; dura, insistente, viva de una manera que hacía que mi propio pulso se entrecortara. Su mano permanecía en mi cabello: pesada, cálida, con los dedos enredados suavemente, como si se debatiera entre acariciarme y contenerse de hacer algo irreversible.
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