James en el bar de su mansión, junto a su primo Franco, que al verlo así había decidido acompañarlo, bebía una copa tras otra, intentando borrar de su mente a la mujer que amaba y odiaba con la misma intensidad, pero el alcohol no le estaba funcionando para olvidar, porque en su lugar cada vez la extrañaba más, ya no podía sacarla de su cabeza, por más que lo intentara. — James, ya deja de preocuparte por esa cualquiera y supérala, no vale la pena que te pongas así por ella. — Cállate, tú no tienes derecho a llamarla de esa manera. — Masculló James, recordando como Arianna al inicio le había intentado explicar las cosas, como ella decía que fue una trampa de su hermana y aunque él lleno de dolor se había negado a creerle. Ahora que lo pensaba, sentía que la chica dulce que él recordaba, no lo traicionaría, no aceptaría casarse con él y poco antes de la boda se acostaría con otro. Creía que Arianna simplemente no era esa clase de persona, ella siempre que podía hacía cosas buenas
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