Me giré hacia él con los ojos rojos como llamas. Estaba en un pasillo larguísimo, como el de un palacio, de pie junto a un tipo de aspecto intimidante, y realmente parecía lo que decía ser. Parecía un multimillonario, de esos que salen en Forbes o Vogue.Sus ojos color avellana me miraban fijamente, así que levanté la barbilla con audacia."Si te atreves a acercarte un paso más, me vas a enfadar. Eso me hará darte la razón y contarle a todo el mundo lo que hiciste", dije furiosa, y él se rió como si me estuviera burlando de él."Deja de jugar. Conozco chicas como tú. Dime quién te mandó y te pagaré el doble", dijo, y fruncí el ceño.Supongo que lo entendió mal, ya que suspiró."De acuerdo. Triple", añadió, y le escupí. Esa fue la mejor respuesta a semejante afirmación."Maldito seas. Me das asco", respondí, y una mueca de disgusto se dibujó en su rostro.Cuando me miró, sus ojos eran fríos, lo que me heló la sangre y me hizo dar media vuelta, pero me agarró de las manos, me arrastró y
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