— ¡Oh, Dios mío! ¡te ves preciosa, querida Ann! —Los ojos de Clarisse se inundaron de lágrimas al contemplar a su mejor amiga vestida de novia en aquella distinguida casa de modas en Londres.Mason Campbell había contratado a Anston como su asesor legal principal, convirtiéndolo en un abogado de gran prestigio y en el proveedor económico de la familia Morrison. Por ello, las manos de Clarisse temblaban ante la certeza de que coincidiría con el Duque en la boda, que se efectuaría el mes siguiente. Respiró profundo, intentando apaciguar los latidos desbocados de su pecho. Viviane se acercó a ella; aunque su relación aún se estaba reconstruyendo, los ojos de la rubia traslucían una genuina preocupación por su hermana. Clarisse le devolvió una leve sonrisa de agradecimiento.— Necesitas calmarte, Clarisse, podrías enfermar —le advirtió en voz baja—. Te haría bien salir a tomar un poco de aire…— ¡No, descuida, cariño, estoy bien! —Intentó sonreír, pero un sollozo ahogado la traicionó.— Cl
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