«Qué desastre… ¿cómo pude ser tan tonta y dejar que se me escapara eso?», se recriminó Lupe mentalmente.Cerró los ojos con fuerza y se apretó los dedos, incapaz de sostenerle la mirada a Erick, quien la observaba con fijeza, exigiéndole la verdad.Erick no le permitió rehuir. Dio un paso al frente, acortando la distancia entre ambos y obligando a Lupe a retroceder hasta que sus caderas chocaron contra el borde de la mesa de madera que tenía detrás. Estaba acorralada, sin escapatoria.—¡Vamos, responde a mi pregunta, Lupe! —insistió Erick. Su voz era baja, pero cargada de un énfasis intimidante.Sus ojos se clavaron en los de ella, buscando cualquier indicio de mentira.—¡Yo… solo hablé sin pensar, Erick! Haz de cuenta que no escuchaste nada, ¡olvida lo que acabo de decir! —exclamó Lupe presa del pánico, con la voz un octavo más aguda debido a los nervios.—Estás mintiendo ahora mismo, ¿verdad? —la acosó Erick, sin la menor intención de soltar el anzuelo que ya había atrapado.—¡Ah, y
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