**Punto de Vista de Vinicio**La habitación del hospital se cerraba más con cada pitido de los monitores. Me encontraba junto a la cama de Laurabeth como un centinela que se negaba a moverse. Su mano se sentía pequeña y frágil en la mía mientras otra contracción se formaba. Ella gritó, aferrándose a mí con más fuerza. El sudor humedecía su cabello castaño y su rostro se retorcía de dolor. Odiaba cada segundo de esta impotencia. Mi poder, mi dinero, mi reputación no significaban nada contra la batalla que rugía dentro de su cuerpo.—Respira, pumpkin —le ordené suavemente. Mi voz se mantuvo baja y áspera—. Estoy aquí mismo. Siénteme. Deja que mi fuerza fluya hacia ti. No estás haciendo esto sola.El médico regresó con dos especialistas que había exigido que fueran traídos de inmediato en avión. Revisaron las lecturas, ajustaron los goteros y hablaron en tonos bajos y urgentes. Aparté al médico principal una vez más, sujetando su brazo como si fuera de hierro. —Dime la verdad. ¿Cuáles
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