El sonido de los tacones de Lila resonaba sobre el suelo de madera pulida con el ritmo de quien intentaba mantener el orgullo intacto, aunque estuviera tragándose la sorpresa del destino. Detrás de ella, Taylor caminaba con pasos largos y silenciosos, cargando dos de las cajas más pequeñas que no permitió que el chofer tocara, no por amabilidad, sino por desconfianza.El ambiente estaba tenso y cargado.Cuando se detuvieron frente a la última puerta del corredor, Taylor giró la manija y empujó la pesada madera con naturalidad. El chirrido de la bisagra sonó como la advertencia de que algo, a partir de ese momento, ya no tendría vuelta atrás.— Bienvenida a mi reino. — murmuró él, con ironía y los ojos entrecerrados.Lila entró despacio y, al cruzar el umbral, se vio obligada a detenerse. Sus ojos recorrieron toda la habitación, intentando absorber el espacio que ahora tendría que compartir con él.El silencio del cuarto, recién invadido por maletas de lujo, era interrumpido apenas por
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