Sus dedos trabajaban dentro de mí en movimientos rítmicos, profundos y certeros. Mientras tanto, su boca bajó a mi pecho. Atrapó mi pezón duro, succionando, mordiendo con suavidad y pasando su lengua caliente. El placer subía por mis piernas y explotaba en mi bajo vientre.Agarre su pelo oscuro con ambas manos, tirando de sus cabellos con fuerza. Gimiendo alto contra mi pecho, aceleró el ritmo de sus dedos dentro de mí.— Arthur... Dios mío... — empecé a gemir, perdiendo el control.— No es 'Arthur' — me corrigió con la voz ahogada y extremadamente maliciosa contra mi piel. — Llámame señor.— Señor... señor... ¡por favor!— ¿Por favor qué, muchacha?— ¡No pares! ¡Hazme correrme!No se detuvo. Sus dedos siguieron llenándome, su pulgar presionaba el punto exacto de mi anatomía, su boca devoraba mi pecho. La habitación entera parecía girar. La foto de Elisa seguía allí en la mesilla, pero yo estaba allí, desnuda, montada en el regazo de su exmarido, gimiendo su nombre.— Señor... voy a..
Leer más