La sala del tribunal en el tercer día tenía la cualidad específica de una habitación donde la temperatura estaba a punto de cambiar.Elara había aprendido a leer las salas de esta manera, no de forma dramática, no con la percepción agudizada de alguien que finge intuición, sino con la lectura paciente y acumulada de una mujer que había pasado meses en habitaciones donde se decidían cosas importantes y había desarrollado, mediante la repetición, la capacidad de sentir la caída de la presión antes de que llegara el temporal.Se sentó en la mesa de la parte demandante, vio a Fonseca ordenar sus papeles y pensó: hoy es diferente a ayer.Ayer Alessandro, en el estrado, se había mostrado controlado, exhaustivo, devastador a la manera de un testimonio que no necesita volumen para tener peso. El día anterior había sido Castillo presentando el marco de la documentación, la demanda en cuatro jurisdicciones con referencias cruzadas y entrelazada de esa forma específica que no dejaba ningún hilo
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