Dos meses después ya estaba de cuatro meses, ya no necesitaba la silla de ruedas y aquel hombre adoraba a su bebe, me acariciaba el vientre y lo besaba, pero a mi me tenia como su esclava sexual o su sumisa pues no me respetaba, me castigaba con el cuero de su cinturón, o me encerraba en un cuarto oscuro, sucio y lleno de cucarachas. Si tenía invitados, me hacía ponerme una vestimenta demasiado provocativa para que todos vieran mi vientre de cuatro meses, llevándose él solo los méritos. —-- Esclava, compórtate, nadie debe saber que eres una fulana, solo eres ahora mi criada, la subrogación de mi hijo, —- me dijo susurrandome en el oido—-- Sí señor, no se preocupe, nadie lo sabrá —- le respondí.Las mujeres se acercaban a él, insinuando sus encantos, reian, le acariciaban, pero el no les hacía ningún caso, sin embargo los hombres se acercaban a mi, intentan tocarme, me hacían bromas de muy mal gusto, pero siempre vigilada por el padre del bebe. Una vez que la fiesta terminaba a altas
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