SEBASTIÁNLa llamada terminó, pero mantuve el teléfono pegado a la oreja unos segundos más.Ivanna no iba a entregarse. Mucho menos porque de pronto sintiera culpa por Diana. Chad lo sabía y también sabía que yo lo sabía. Había metido aquella mentira en la conversación por una razón.Marqué a Aarón de inmediato.—La cita de mañana es una trampa —le dije en cuanto respondió.—¿Chad está con ella?—No lo admitió. Creo que alguien lo obligó a llamar.—O está trabajando con su madre.—También puede ser.Aarón soltó una maldición.—No arriesgues a Amelia por averiguarlo.—No voy a retirar a nadie de la residencia. Mandaré dos vehículos conmigo y dejaré al equipo principal en la casa. Si están vigilando la calle Mason, verán lo que esperan ver.—¿Y si Chad está metido hasta el cuello?Miré la dirección que había anotado.—Entonces mañana lo averiguaremos.—Y si está pidiendo ayuda, sácalo de ahí —ordenó Aarón antes de colgar.A pesar de todo lo que Chad había hecho, Aarón no quería dejarlo
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