—¿Quién era ese?Elena permaneció quieta, con los ojos fijos en la carretera donde el sedán oscuro había desaparecido.—Nadie.Adrian la observó con atención.—¿Te detuviste por nadie?—Pensé que reconocía el coche.—¿Lo reconociste?Elena finalmente lo miró.—No.La respuesta llegó con calma.Adrian la estudió por un momento, pero no insistió.—De acuerdo.Continuaron hacia el coche.El viaje de regreso a la residencia Rivera fue silencioso.Elena miraba la ciudad pasar por la ventana, pero sus pensamientos estaban en otra parte.El sedán.Conocía ese coche.O al menos, recordaba haber visto uno igual.Hace cinco años.El recuerdo fue breve: oscuridad, una calle silenciosa, faros desapareciendo en la distancia.No había pensado en eso durante años.Hasta esta noche.—Has estado callada —dijo Adrian.—Estoy cansada.Él la miró brevemente.—Día largo.—Muy.Asintió y lo dejó ahí.Cuando llegaron a la residencia Rivera, Elena bajó.—Gracias por la cena.—De nada.—Buenas noches, Vale.—
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