Capítulo 3Me quedé enterrada profundamente dentro de ella, las nueve gruesas pulgadas estirándola al límite, y simplemente miré hacia abajo, al lugar donde estábamos unidas.La silicona estaba recubierta de blanco con su flujo, hilos de este se pegaban a sus muslos, goteando desde la base del arnés sobre mi propio clítoris.Mi coño latía tanto que podía sentir mi pulso en él, el líquido resbalando por mis piernas.“Eres un puto desastre”, dije, con voz baja y cruel.Salí despacio, viendo cómo su agujero se quedaba abierto por un segundo, rojo y destrozado, antes de volver a embestir con fuerza hasta la raíz.Gritó, arqueando la espalda fuera de la cama, sus muñecas atadas sacudiéndose contra las esposas.“Mira este coño codicioso intentando tragárselo entero”.“Sí, Señora”, sollozó, las lágrimas corriendo por sus sienes hacia su cabello. “Por favor, no pare, por favor siga usándome”.Me incliné sobre ella, la agarré de la garganta con una mano, apretando justo lo suficiente para que
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