Luna se levantó perezosamente de la cama, se puso las zapatillas y se dirigió apáticamente hacia la puerta.La puerta se abrió y, bajo la brillante luz de fondo, era una sombra oscura. Al ver a Luna tan apática, le preguntó. —¿Has comido?Luna no quería responder a esa pregunta. Se dio la vuelta y entró, adentrándose en la oscuridad.Keith, sin embargo, no estaba acostumbrado a la oscuridad. Al ver los interruptores de la luz en la pared, los pulsó todos, iluminando la habitación al instante.Luna miró las luces, pero sintió que, su corazón no brillaba, todo lo demás estaría oscuro.Así que, con pereza, se dirigió a la cama, se sentó y cruzó las piernas como si estuviera en una silla.Keith examinó la casa con atención. Era una habitación individual muy pequeña. Allí estaba el dormitorio con la cama. Allí estaba la sala de estar, demasiado pequeña, con un pequeño sofá, una ventana que iba del suelo al techo y una alta pila de libros sobre una mesita de café junto a las cortinas.Ni
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