Sarah En un intento de disipar el estrés que me aplastaba, cerré los ojos con fuerza y apoyé la espalda contra la cama de bronceado. El corazón me martilleaba en el pecho y el sudor me perlaba la frente. Entonces, una ola de mareo me golpeó con fuerza cuando la habitación empezó a dar vueltas.—¿Estás bien? —preguntó Josh, notando el cambio en mi semblante. Tenía el ceño fruncido por la preocupación.—¡Sí, estoy bien! —Le sonreí, aunque el estrés era abrumador.Mi teléfono sonó, devolviéndome a la realidad. Necesitaba mantener la compostura y terminar este trabajo. Al ver el nombre de Trey en el identificador de llamadas, respondí y puse la llamada en altavoz.—¿Trey?Josh y los demás escucharon con atención, esperand
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