Isabelle camina por la cocina, con el firme propósito de preparar un delicioso pastel de plátano. Mientras mezcla los ingredientes, su mente divaga, consumida por su antojo.Estaba demasiado ocupada, reuniendo y colocando los ingredientes, como para escuchar una puerta abrirse y cerrarse a lo lejos. De repente, Axel, su hermanastro, entra en la cocina con la preocupación reflejada en el rostro.—Oye, Isabelle, ¿estás bien? —preguntó, con una voz llena de genuino interés. La forma en que su tono se suavizó al hacerle la pregunta hizo que el corazón de ella se encogiera de culpa.Isabelle asintió, dándose cuenta de que había estado distante antes. —Estoy bien, gracias. Y lamento profundamente cómo te traté hace un momento —se disculpó sinceramente.—Está bien. Yo también lamento haber entrado de golpe en tu habitación sin llamar. Eso… eso estuvo muy mal. —Con la curiosidad despierta, Axel miró el tazón para mezclar y preguntó—: ¿Qué estás haciendo? —Inquirió al instante, desesperado por
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