—Pero estas personas dicen que tienen pruebas suficientes, incluyendo una orden de arresto, y si no coopera, tendrán que usar la fuerza —dijo la empleada, obligándose a hablar.—¡¿Qué?! —Berta se levantó abruptamente, con el corazón atenazado por el pánico, pero logró forzarse a mantener la calma—. ¿Acaso estas personas ni siquiera saben quién soy? ¿Cómo se atreven a venir aquí a causar problemas? Son simplemente unos fuera de la ley.En ese instante, la policía, perdiendo la paciencia, comenzó a buscarlos activamente. Al escuchar los golpes en la puerta y los gritos, Berta sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Las palabras de Alessandro resonaron de repente en su mente; él le había advertido que no hiciera nada imprudente. Si le hubiera hecho caso en aquel momento, tal vez nada de esto habría ocurrido.Pero ahora era demasiado tarde. ¿Qué podía hacer? Se acercó a la ventana pensando: "¿Por qué no salto y huyo?". Pero en cuanto miró hacia abajo, vio una patrulla con las luce
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