El tío Denis la había ayudado; aunque aquel tipo fuera irritante, no estaría bien dejarlo plantado en la puerta. Decidió que bajaría, lo invitaría a pasar, le ofrecería una taza de té y luego lo despediría.Con la decisión tomada, Luana se puso ropa cómoda, se recogió el pelo en una coleta informal y bajó las escaleras sintiéndose despejada. Esta vez, Enrique había aprendido la lección y no volvió a tocar el timbre. Esperaba fuera con creciente impaciencia.Poco a poco, sin embargo, fue perdiendo la paciencia. Se desplazó hacia un lado e intentó asomarse por la ventana para ver cómo era la vida de Luana. En el momento en que su cara rozó el cristal, se encontró con varios pares de ojos del tamaño de canicas mirándole fijamente. Enrique pegó un susto y retrocedió varios pasos, por poco se va de bruces al suelo.—Cariños, habéis asustado al invitado —dijo Luana sin poder evitarlo.—Mamá, ¿quién es ese? Qué raro es.Enrique fue invitado a entrar con amabilidad. Miró a su alrededor con cu
Leer más