El modo de supervivencia es una anestesia peligrosa. No sentía hambre, no sentia sed, y el cansancio ya había pasado de la etapa de somnolencia a un estado de alucinación leve, donde los bordes del mundo parecían vibrar. Salí de la municipalidad aquella tarde de jueves con la mente llena de números y plazos, caminando como una autómata en dirección a mi moto.Pero me detuve a mitad del camino.Parado al lado de un sedán negro blindado, estaba Alex. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, pero el aura de poder y furia que emanaba de él era casi palpable. A su lado, Ricardo, su escolta y chofer, mantenía una expresión neutra, pero alerta. Alex me miró de arriba abajo, sus ojos escaneando cada detalle de mi rostro abatido y de mi postura encorvada bajo el peso del agotamiento. No se ve&iac
Leer más