La boda de su exmarido se celebraba aquel mismo día. Desde el momento en que abrió los ojos por la mañana, Luciana se sintió sorprendentemente indiferente. No había ni una pizca de peso en su corazón, ni siquiera tristeza o decepción. Tal vez porque el dolor y la desilusión habían sido demasiado profundos, y porque todo lo que Dante y Marcella le habían hecho había terminado por arrancar de ella cualquier vestigio de amor que alguna vez sintió por Dante.Además, ¿por qué seguir aferrándose a algo así? Mientras ella luchaba por conservar lo que tenían, aquel hombre la había apartado de su vida sin la menor consideración, eligiendo a otra mujer que podía impulsar su éxito y sus ambiciones.Luciana esbozó una leve sonrisa al recordar el pasado.«¿Ya estás lista?», preguntó Wilna sin molestarse en llamar a la puerta de la habitación.Llevaba en las manos una pequeña caja que contenía un collar de diamantes rojos como la sangre, una joya que Luciana había ganado en una subasta unos meses a
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