Marcella entró en el despacho de su futuro esposo con total confianza. Detrás de ella, dos empleados de la boutique la seguían cargando varios trajes exclusivos que Dante usaría el día de su boda, una fecha que ya estaba a la vuelta de la esquina.Marcella no hacía el menor intento por ocultar su vientre cada vez más prominente.Al contrario, lo exhibía deliberadamente.Que todos lo vieran.Después de todo, aquel embarazo era una de las cosas que más orgullo le provocaban en ese momento.«¿Puedo pasar, cariño?»Marcella llamó a la puerta del despacho de Dante solo por mera formalidad, porque sin esperar respuesta alguna entró como de costumbre.Apenas puso un pie en aquella oficina que ya le resultaba tan familiar, encontró a Dante sentado detrás del gran escritorio, rodeado de montones de documentos que casi cub
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