POV AmaraLa mañana llegó tímida.El hospital, con su olor a antiséptico y paredes blancas, ya me parecía una prisión. Pero, al mismo tiempo, era la última barrera entre mí y el mundo de disputas que me esperaba allá afuera.Ya estaba de pie, aún débil, pero vestida con ropa sencilla que Sabrina había traído. La médica recomendó reposo, nada de estrés, nada de esfuerzo. Sentí ganas de reír. ¿Cómo pedir calma en medio de una tormenta que no da tregua?Cuando salí de la habitación, los vi a todos allí. Dominic, con los brazos cruzados, la postura rígida como un guardia. Sabrina y Leo en silencio, pero intercambiando miradas que no lograban ocultar la tensión. Y Killian…Killian estaba de pie, un poco apartado, pero cada línea de su cuerpo era poder e imposición. La mirada fija en mí, como si fuera dueño del aire que respiraba.—Estás lista —dijo, con voz grave, cortante, sin margen para debate—. Vas a la mansión conmigo.Mi corazón vaciló.—¿Qué? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
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