“Joder, Lena”, gemí, el sonido amortiguado por la gruesa madera del escritorio. Mis manos se enredaron en su cabello oscuro, tirando hacia atrás ligeramente para tener el control, luego empujándola hacia abajo de nuevo, exigiendo más profundidad.“Mmph…Nngh…Ghnng…” Los sonidos que hacía no eran palabras, sino gruñidos, súplicas densas, amortiguadas por mi presencia en su garganta, indicando el intenso placer que sentía en el acto. Quería ver su cara, ver esa mirada intensa mientras me trabajaba. Tiré de su cabeza hacia atrás ligeramente.“Usa esas tetas, nena”, susurré, mi voz rasposa por la impaciencia. “Quiero follármelas. Ahora”.Ella apartó la boca, con un hilo de saliva viscosa conectando nuestros cuerpos por un breve momento. Levantó el torso, el jersey naranja enganchándose en las esposas. Con un meneo decidido, logró liberar uno de sus pechos grandes y firmes de las limitaciones de la tela. Saltó hacia afuera, redondo y pesado, rematado por un pezón oscuro y prominente.No es
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