Abro los ojos de golpe y me siento en la cama con brusquedad, mis ojos tratan un poco en acostumbrarse a la escasa iluminación, lo primero de lo que me doy cuenta es que no estoy en mi habitación, está opulante recámara no es la mía, pero los recuerdos me golpean como balde de agua fría, Meison... resoplo y me paso una mano por el cabello. Mi estómago ruge, demanda alimento y rápido, este día apenas y tuve tiempo de comer algo, estaba hambrienta cuando llegamos, preferí dormirme para adormecer el apetito, era eso o aceptar cenar con Meison, y el orgullo es primero. Pero el sonido de mi estómago no fue lo que me despertó, fue... otra cosa. Aparto las sábanas y me pongo de pie para acercarme al ventanal de la terraza que da al jardín, me quedo a unos pasos del cristal y aun así puedo percibir el sonido de los grillos cantarle a la luna, miro el cielo, desde aquí la luna parece más pequeña, las estrellas más opacas, todo más lejano, no tengo idea de por qué, pero se me hace un nudo
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