Me quedé al borde de la enorme bañera negra, con las piernas temblando tanto, tan débiles e inestables, que pensé que me desplomaría. La piedra parecía arrancada de lo más profundo de la tierra, antigua e intimidante. Pasé al otro lado, esperando sentir el calor del agua, o quizá un escalofrío, algo que me aliviara... pero al entrar, mis pies golpearon roca seca y fría, sólida e implacable.La tina era profunda, más de lo que esperaba. Estaba vacía. No había agua en absoluto, solo los símbolos oscuros tallados en el fondo que brillaban con un pulso tenue.Levanté la vista para preguntarle qué debía hacer ahora, pero al mirar, el aire se me atoró en la garganta, de forma brusca y repentina.Él ya estaba allí. Quiero decir... ¡un segundo estaba sola en la bañera y, al siguiente, el Chamán estaba de pie justo a mi lado dentro de las paredes de piedra, silencioso e imponente!Sostenía una barra de jabón gruesa y oscura que olía a flores machacadas y tierra vieja, pesada y fragante.—Arrod
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