SOFIA Todo cambió después del pasillo. Y ninguno de los dos lo reconoció, lo que de alguna manera lo hizo aún peor. La mansión volvió a la normalidad pocas horas después del apagón, pero la atmósfera entre Dante y yo nunca recuperó del todo su forma anterior. Porque ya no existía una forma anterior, no después de ese momento. No después de la mirada en sus ojos antes de que la alarma nos interrumpiera, y no después de la forma en que casi acorté la distancia. Por primera vez desde que llegué a este mundo, el silencio entre nosotros ya no se sentía neutral. Se sentía cargado. Cada mirada conllevaba ahora un peso de conciencia, cada pausa se alargaba demasiado, y cada roce accidental permanecía en mi mente después, quisiera o no. Y Dante... Dante se distanció
Leer más