La noche llegó lentamente. No de forma natural. Como si el propio mundo estuviera dudando en oscurecerse por completo a nuestro alrededor. El bosque se había vuelto más delgado hacía horas, dando paso a extensiones irregulares de piedra negra y hierba pálida que se movía de forma extraña bajo el viento. Nada allí parecía muerto, pero tampoco completamente vivo. Parecía una tierra atrapada entre decisiones. Nos detuvimos cerca de una cresta dentada poco antes de la medianoche. Sin fuego. Sin sonidos innecesarios. Incluso los caballos parecían inquietos, incómodos bajo el silencio que presionaba a nuestro alrededor. Me senté apartada de los demás, cerca del borde de la cresta, con las rodillas ligeramen
Leer más