{POV DE HUNTER}La cena fue silenciosa, justo como la prefería. Sin charlas, sin distracciones. El asado estaba perfectamente hecho: tierno, jugoso, sazonado en su punto.Apenas levanté la vista del plato cuando murmuré:—Está bueno.El ama de llaves, de pie a un lado, esbozó una pequeña sonrisa.—Celine preparó la comida esta noche, señor.Mi mano se detuvo a mitad del corte. El cuchillo y el tenedor tintinearon suavemente contra la porcelana cuando los dejé. Mis ojos se desviaron a la derecha.Celine.Ya estaba a mi lado, con manos delicadas sosteniendo una jarra de plata mientras vertía agua en mi vaso vacío. Su aroma me golpeó primero—sutil, dulce, cálido como miel y jazmín.Demasiado cerca.Me incliné ligeramente hacia atrás, necesitando espacio, necesitando aire.Y entonces—mierda.Se le resbaló. Apenas un temblor, casi imperceptible, pero suficiente para que el agua fría se derramara sobre mi mano. Su jadeo fue suave pero agudo, y se apresuró a arreglarlo.—Lo siento mucho, no
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