Punto de vista de AidanVolteé hacia la puerta, y ahí estaba un hombre, joven, de unos treinta años, de pelo castaño, lucía cansado, parecía que había llegado corriendo, intentó entrar, pero los guardias que Tasha había contratado para que nadie se metiera, le cerraban el paso, empujándolo, agarrándolo de los brazos, sin dejarlo pasar.Yo dejé el bolígrafo sobre la mesa, y miré a Tasha, ella me sonrió, nerviosa, y me dijo:—Aidan, no le hagas caso, es un loco, un perturbado, firma, no pierdas tiempo, firma, y vámonos.—¿Quién es, Tasha?—Nadie, Aidan, un loco, un fanático, no sé quién es, pero ya los guardias lo van a sacar, no te preocupes, firma, te lo suplico, firma, y se acabó.Yo la miré fijamente, sin parpadear.—Desde que llegaste pusiste guardias en la puerta, ahora resulta que hay un hombre aquí que dice que no me puedo casar contigo, eso me parece muy sospechoso, Tasha, muy sospechoso, y hasta que no sepa quién es este hombre, y qué es lo que tiene que decirme, no voy a firm
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