Punto de vista de AidanEntramos corriendo al ala este de la mansión, yo con la pistola en la mano, Jax iba adelante, Sienna detrás de mí, los tres con el corazón a mil, esperando lo peor. La casa estaba en silencio, las luces apagadas, las puertas abiertas, algunos muebles destrozados.—Aidan, aquí no hay nadie —dijo Jax, revisando la sala y las habitaciones— ni un alma, creo que se los llevaron, no encuentro a Maya.—¡Dios, Maya! Sienna se derrumbó, se dejó caer al piso, con la espalda apoyada en la pared, con la cara entre las manos, llamando a Leo, a Maya y a su madre, empezó a llorar, desesperada, yo me agaché a su lado, le tomé la cara, y le dije:—Sienna, no llores, no te rindas, sigamos buscando, tengo la esperanza de que estén en algún lado, y si se los llevaron, iremos por ellos, los traeremos de regreso, sanos y salvos.—Aidan, no puedo, no tengo fuerzas, no me queda nada, mi hijo, Aidan, mi hijo, mi madre, y mi amiga, se los han llevado.—Sienna, vamos a buscarlos juntos
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