Los dedos de Maya se congelaron alrededor del teléfono. La pantalla brillaba con esa única línea, la foto de la pequeña cabaña de la abuela Nan, nítida e inconfundible. Alguien la había tomado desde afuera, lo suficientemente cerca como para ver las macetas que ella misma había ayudado a Nan a plantar el mes pasado.“Cancela la boda o la anciana muere esta noche.”Su estómago cayó como una piedra. Sintió cómo la sangre se le iba de la cara, pero Damson ya estaba allí, sonriendo con esa misma sonrisa confiada en la que ella solía creer. Forzó sus labios a curvarse hacia arriba, dejando el teléfono boca abajo sobre la mesa como si no fuera nada.Sophia notó el cambio de inmediato pero siguió hablando, interpretando su papel a la perfección.Damson se inclinó un poco más, una mano aún descansando sobre el borde de la mesa. “Entonces, hermosa desconocida, ¿me vas a decir tu nombre o tengo que adivinar?”Maya lo miró lentamente. Su voz salió firme, aunque su corazón golpeaba tan fuerte que
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