Los gemelos estaban peleando por un crayón azul.Mia los observaba desde la alfombra, con la espalda apoyada en el sofá y las piernas estiradas. La luz dorada de la tarde se filtraba por las cortinas del balcón y teñía todo de oro: la mesa de centro, los bloques de juguete, los pequeños calcetines que alguien había dejado junto al televisor."Okay," dijo suavemente. "Compartimos. Nadie es dueño del azul."Uno de ellos frunció el ceño. El otro suspiró dramáticamente y se lo entregó.Maya estaba sentada cerca de la ventana, con las piernas cruzadas, ayudando al más pequeño a apilar unos aros de plástico en el orden correcto."¿Ves?" murmuró Maya. "El hermano mayor debe aprender la paz."Mia sonrió. Por un momento, todo se sintió normal.Solo crayones, risas suaves y el zumbido del ventilador de techo.Entonces sonaron tres golpes en la puerta.Maya levantó la vista."¿Esperas a alguien?""No." Mia se puso de pie lentamente, limpiándose el polvo de crayón de la palma.Llamaron otra vez.
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