"¿Qué tan grave?" La voz de Luciano atravesó el caos. Aún sostenía a Nero, la sangre de su hermano empapando su camisa, sus manos firmes aunque todo lo demás se desmoronaba.El médico no respondió de inmediato. Estaba revisando el pulso de Nero otra vez, sus dedos presionados contra la piel pálida de su cuello, contando algo que solo él podía oír. Su otra mano ya se estiraba hacia su bolso, sacando un estetoscopio, presionándolo contra el pecho de Nero."Necesita ser hospitalizado," dijo finalmente el médico. "Necesito hacer pruebas. No podemos hacer eso aquí."Hella seguía de rodillas junto a Nero, su mano envuelta alrededor de sus dedos fríos. La sangre en el mármol se enfriaba bajo sus piernas, y podía sentirla filtrándose a través de la tela de su vestido, pero no le importaba. Todo lo que podía ver era su rostro, pálido y flácido, sus labios perdiendo color ya."No hay necesidad de pruebas," dijo ella.El médico la miró como si hubiera perdido la cabeza. "Señorita, entiendo que e
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