Capítulo 74. Encuentro con Julian
—¿Crees que arrugar un trozo de papel puede borrar la realidad de que estás acorralada, Elara? —preguntó Helda con suavidad mientras dejaba una taza de té de manzanilla caliente sobre la mesa de noche.Elara se sobresaltó, saliendo de su ensimismamiento en el borde de la cama. Apresurada, ocultó la tarjeta de presentación blanca y gruesa, cuyas esquinas ya estaban deshechas y arrugadas, dentro de su puño cerrado. La penumbra de la habitación del departamento se sintió un poco más cálida gracias al aroma del té que comenzaba a esparcirse. En un rincón de la estancia, el pequeño Felix dormía profundamente, con su pecho subiendo y bajando a un ritmo constante. Elara respiró hondo para estabilizar los latidos de su corazón, que corrían desbocados desde que había abandonado el hotel en el centro de Fráncfort.—Solo estaba ordenando algunas notas de la reunión, Helda —respondió Elara, intentando por todos los medios que su voz no temblara.—Tu rostro no sabe mentir, Elara; estás pálida c
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