La expresión de la recepcionista se transformó en una de asombro; luchaba por contener el gesto de poner los ojos en blanco, pero evidentemente se había quedado sin palabras.Elara, con aire sereno, arqueó las cejas, miró brevemente a Lauraine y exhaló un suave suspiro. «Lauraine, si tu corazón lo anhela, síguelo. Aquí no hay nadie que te lo impida».La implicación de Elara era clara: los esfuerzos de Lauraine por provocar problemas eran inútiles, sobre todo porque no era Elara quien perseguía a Louls.Había guardaespaldas fuera del ascensor, así que Lauraine no pudo llegar.Frustrada, Lauraine pataleó con consternación, observando impotente cómo Elara desaparecía en el ascensor.Desesperada, Lauraine llamó a Tristan, con la voz quebrada por los sollozos. «Tristan, ¿hay algo entre Louls y Gen? ¿Qué debo hacer ahora? ¿Puedes asegurarte de que Gen se mantenga alejado de él?».Tristan, que siempre había mimado a su frágil hermana, se quedó perplejo al descubrir la afición que ella sentía
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