NARRADOR OMNISCIENTE... La mansión Moretti nunca había estado tan silenciosa. Era extraño. Demasiado extraño. Porque aquella casa siempre había tenido vida. La voz de Víctor llenando los pasillos. Sus pasos firmes recorriendo la propiedad. Las risas de Leonardo. Las pequeñas carreras de Mateo por los jardines. Las conversaciones de Flor mientras cuidaba de los niños. Pero ese día... Todo parecía haberse detenido. Como si incluso la casa estuviera esperando. Esperando una noticia. Esperando que alguien dijera que todo estaba bien. Lucía permanecía sentada en el sofá. Leonardo, con apenas dos años, estaba en sus brazos. El pequeño estaba inquieto. No entendía por qué su madre no sonreía. No entendía por qué todos hablaban en voz baja. No entendía por qué no veía a su papá regresar. Sus pequeños dedos jugaban con una parte del vestido de Lucía mientras miraba hacia la puerta principal. Como si esperara verlo entrar. Como si tuviera la certeza de que Víctor aparecer
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