~ELENA~El cielo está gris la mañana en que enterramos a mi madre.No tormentoso. No brillante. Solo está ahí.El cementerio se extiende interminablemente frente a mí, filas de lápidas desapareciendo en la niebla. El aire huele a lluvia y a tierra húmeda, fuerte y limpio, y me duele el pecho cada vez que lo respiro.Aquí es donde ella termina.Me quedo quieta, vestida de negro que se siente demasiado apretado alrededor de mis costillas, mis manos temblando ligeramente a mis lados. No recuerdo haber caminado hasta aquí.No recuerdo haber salido del coche. Solo recuerdo el sonido de la tapa del ataúd cerrándose días atrás—y lo final que fue ese sonido.Vincenzo está a mi izquierda.Está perfectamente compuesto, como siempre, el rostro tallado en piedra, los hombros rectos. Pero ahora lo conozco.Conozco el pequeño tic en su mandíbula, la forma en que sus dedos se curvan ligeramente cuando se está conteniendo. Su dolor es silencioso, controlado, peligroso.Nico está a mi derecha, lo sufi
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