CAPÍTULO 95Elisa De la Vega estaba recostada en un sofá de terciopelo gris de la sala de los Navarro-Castillo, sosteniendo una copa de Chardonnay con la misma delicadeza con la que se sostiene un arma cargada. Victoria, la anfitriona, caminaba descalza sobre la alfombra de seda, rellenando su propi
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