Pasaron tres semanas antes de que empezaran a llegar las cartas. No correos electrónicos, no llamadas. Cartas de verdad, del tipo que exige esfuerzo, dirigidas al archivo comunitario con su nombre bien escrito en el sobre. Sofia Castellano. No "la investigadora". No "la asistente que ayudó con los archivos de Ámsterdam". Su nombre, en la letra de otra persona, formando una pila sobre el escritorio de Denise.La investigación había concluido oficialmente. Sofia había leído el informe final tantas veces que podía recitar párrafos enteros, pero ver su propio nombre impreso bajo "Investigadora principal" todavía le provocaba algo agudo y repentino en el pecho, como tragar mal.Las universidades querían copias de su metodología. Una revista de derecho quería una entrevista sobre la cadena de custodia legal. Una historiadora de Ámsterdam le había escrito cuatro páginas, a un espacio, agradeciéndole por nombres que nunca esperó volver a ver. El archivo municipal de Detroit le había pedido, d
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