Capítulo 11: ¿Quieres que se arrodille?El dolor en la mano de Daisy era una pulsación eléctrica que le nublaba la vista, pero el calor del cuerpo de Cassian contra el suyo era lo único que la mantenía anclada a la realidad. Él no la soltó. Al contrario, sus dedos se cerraron alrededor de su brazo con una suavidad posesiva, casi reverente.—Mírame —ordenó Cassian y su voz no era una petición; era un decreto.Daisy levantó la vista, con el rostro bañado en lágrimas y al ver la tormenta de furia gélida en los ojos de Cassian, sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío de Chicago.Cassian Roth no solo estaba enojado; estaba buscando a quién destruir.—¿Te duele mucho? —preguntó él, rozando con el pulgar la piel abierta de su mano herida.—Sí... —susurró ella, intentando encogerse—. Por favor, solo llévame al hospital. No quiero estar aquí.—Oh, no nos vamos, Daisy —le dio una sonrisa sádica, apenas un movimiento en el rostro frío del magnate—. Tu familia está esperando
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