**POV de Ava**El dormitorio se sentía más pequeño a medida que avanzaba la noche. Ethan había bajado la intensidad de las luces y dejó las cortinas a medio cerrar para que el resplandor de la ciudad no resultara tan fuerte. Yo estaba recostada entre las almohadas, con la mano siempre sobre mi vientre. El dolor se había convertido en una presión constante y pesada que aumentaba cada vez que me movía, aunque fuera un poco. Las patadas del bebé seguían siendo fuertes, pero ahora se sentían más urgentes, como si intentara decirme algo que no quería escuchar.Ethan no se había separado de mí desde que volvimos de la clínica. Trabajaba desde la silla junto a la cama, con el portátil sobre las rodillas, pero no dejaba de mirarme. Cada pocos minutos extendía la mano para apoyarla sobre mi vientre, comprobando el movimiento, o me traía agua, o acomodaba las almohadas. Su forma de tocarme era cuidadosa, como si temiera romperme.“Lo estás haciendo bien,” dijo en voz baja, su pulgar dibujando c
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