POV de NINAEntre recetas electrónicas, historiales clínicos acumulados en la pantalla del ordenador y pacientes que entraban y salían buscando respuestas a sus dolencias estacionales, el ritmo de mi trabajo exigía una concentración absoluta. Sin embargo, aquel martes de septiembre, tras colgar la llamada en la que Jose me había comunicado la confirmación oficial de su exposición individual en Santander, una sensación de profunda ligereza y orgullo se había instalado en mi pecho, acompañándome durante el resto de la jornada como una melodía de fondo reconfortante.Hacía apenas unos años, pensar en el éxito profesional de Jose me habría provocado una mezcla de recelo, distancia y la amargura propia de un pasado fracturado. En aquella época, sus triunfos empresariales y su obsesión por el control no eran más que muros infranqueables que amenazaban con destruir el bienestar de Mateo y convertir nuestra vida en una lucha constante en los tribunales. Pero el tiempo, guiado por la voluntad
Ler mais